Duelo gestacional y niños

Duelo gestacional y niños

La pérdida de un embarazo durante la gestación o al poco de nacer es una experiencia muy dolorosa para todo el núcleo familiar, incluido los niños que esperan la llegada de su hermanito/a, pero cuando sucede ¿cómo se sienten los niños? ¿qué se les pasa por la cabeza?

Una valiente mamá ha querido compartir como ha vivido su hijo Erik las diferentes pérdidas que han vivido, muchas de primer trimestre, pero otra, la de su hermanita, con el embarazo ya más avanzado.

Los niños pasan por las fases del duelo de igual modo que los adultos, pero pueden tener más dificultades para expresar como se sienten y pueden sentir miedo por las mamás.

Estos miedos pueden ir desde pensar que ellos tienen algo de culpa en lo que ha pasado o que su mamá pueda enfermar debido a los embarazos y a las pérdidas. Por ello, es importante generar espacios para hablar de la pérdida del bebé y poder resolverle todas las dudas que le vayan surgiendo, además de explicarle que la mamá y el papá estarán tristes un tiempo, pero no por él/ella, sino por la pérdida del hermanito/a.

Os dejo con la historia de nuestros protagonistas:

Cuando el hermanito/a no llega

Erik llevaba un año deseando tener un hermanito. Íbamos por la calle y siempre decía que morro que tenían todos los niños que iban paseando con sus hermanos, que por qué él no podía tener uno. Yo me derrumbaba porque yo también lo estaba deseando y no podía dárselo. Perdí un bebé que fue un golpe duro para él y luego me costó casi un año concebir la niña.

Durante ese año lloré mucho por no conseguir quedar embarazada. Veía como mis amigas se quedaban embarazadas y yo no, y eso me derrumbaba más, pero lo logré, ¡si! Esta vez iba a ir todo bien y estaba deseando darle la noticia a mi niño que le iba hacer tan feliz, pero fui prudente y hasta los 3 meses que se supone que el embarazo estaba fuera de peligro, no se lo conté. Durante ese tiempo que él no lo sabía, me iba diciendo que me estaba poniendo muy gorda y que yo no lo engañaba porque llevaba un bebé en la barriga. Recuerdo el día cuando le di la noticia que esperábamos un bebé, su cara de alegría y lo emocionado que estaba por esta llegada. Lo primero que me preguntó fue si este no estaba malito, a lo que yo respondí que no, que este si iba a venir. Siempre preguntaba, ¿cuanto queda para que venga? Ya solo miraba por su futura hermanita. En sus cartas para los reyes ya pensaba en ella y siempre decía todo lo que estaba deseando hacer y enseñarle a ella. Participó mucho en este embarazo, le llevamos a ecografías y a mis visitas rutinarias y le dejamos escoger el nombre.

Y llegó el maldito día donde nos dicen que posiblemente mi niña tuviese problemas de salud. Yo no podía evitar estar triste y sin contarle nada a Erik, él lo notó y recuerdo la conversación, Me preguntó:

– ¿Mamá porque estas triste? ¿es por la hermanita?

– Sí Erik, los médicos no saben si esta malita o no y por eso estoy muy triste.

– Mamá no te preocupes, verás que está buena, yo lo sé. Vamos a jugar a un juego, yo digo que está buena y tú también, así ganamos los dos. Me dio un beso y otro a mi barriga y me di cuenta la inocencia que tienen los niños y lo positivos que llegan a ser, dan lecciones de vida. Finalmente no ganamos ninguno de los dos el juego, los doctores cuando me dieron la noticia a mí, también tuve que dársela yo a él. Mi marido me dijo:

– ¿Qué hacemos?

– Y yo: pues decirle la verdad, merece saberla. Como voy a irme con barriga y volver sin ella y ¿no contarle lo que ha pasado?

Pensé que no hay que crearle fantasías, ni cuentos infantiles y tiene que saber la verdad. Y que también se sufre en la vida. Tiene que saber que las cosas no son tan fáciles y no es como un juguete que lo quieres y lo compras, esto no, se trata de dar vida y no es tan fácil como parece, ahora ya me he dado cuenta. Pues la noche antes de ingresar, después de cenar con todo mi dolor en quitarle su ilusión le dije:

– Erik cariño, la hermanita viene malita y no va a poder nacer.

En ese momento se derrumbó, cuanto sentimiento mostró, lloraba sin parar y preguntaba qué porque se había puesto malita, ¡si estaba buena! Que le diera un jarabe. Le dije que no se preocupara que ya vendría otra, pero él dijo que ¡no! Que él quería a esa hermanita. Ahí me di cuenta del fallo que cometí con esas palabras, lo mismo que me dicen a mí y me duele tanto, porque yo no quiero a otra, yo quería a ella, vaya lección me dio.

Yo también moría por llorar, pero tenía que ser fuerte para contarle por qué no podía venir.

– Erik cariño, tú que me decías que querías enseñarle a la hermanita montar en bici, jugar, pintar… pues si la hermanita nace malita no podrás enseñarle todo lo que querías hacer.

El pobre se quedó en silencio y aceptó lo que pasaba, que no podía ser y mostró una madurez increíble con tan solo 4 años. Solo dijo que por qué ninguno de los dos ganó el juego.

Esa noche a la hora de dormir me dijo que siempre la llevaría en su cabeza y en su corazón con sus papis. Durante el duelo, a mi vuelta del hospital y verme sin barriga no entendía que, porque sus hermanitos siempre se ponen malos y los de los demás no que, porque los hermanitos de sus amigos iban a nacer y la suya no, (estaba rodeada de amigas embarazadas) muy duro, porque yo también tenía lo mío encima como para también hacer entender a él la misma pregunta que yo también me hacía, el maldito ¿por qué yo?

Decía que morro tienen sus amigos, yo pensaba pues sí que tenían mucho morro. Siempre intenté mantenerme fuerte y saber que responder en cada momento, pero otras veces me dejaba sin palabras, porque hay que reconocer que indaga mucho sobre el tema y no deja de ser un niño y según qué cosas no puedes contestarle.

Ahora ha pasado un año de lo ocurrido y sigue hablando de ella con naturalidad, a la gente le cuenta que él también tiene una hermana, pero que se fue al cielo. A veces expresa cariño, otra culpabilidad y otras veces rabia. Llora porque dice que siente pena de no haber podido conocer a su hermana y ni si quiera verla. Otros días esta feliz, dice que cuando mira al cielo y ve las estrellas tan bonitas y brillantes cree que una de ellas es su hermana. La culpabilidad le viene cuando piensa en ella y dice que porque murió su hermana, si él la cuidó muy bien cuando estaba en mi barriga. Y la rabia le sale cuando cada vez que sus amiguitos tienen un hermano o una conocida está embarazada.

Nuestro símbolo es un diente de León, lleva dos años cogiendo uno y siempre pide el mismo deseo, hasta me ha llegado a decir que hay que cambiar de forma porque parece ser que no funciona y no se cumple lo que pide.

Siempre me dice que cuando esté triste por la hermana que lo hable con él y que no me lo guarde, que él quiere saber cuándo yo esté triste.

Ha sido mi mayor apoyo con tan solo 6 años que acaba de cumplir.

Así que no llevan un duelo tan distinto al nuestro, solo que lo expresan de otra manera. Me ha dado una gran lección de vida y él es el que me saca fuerzas. Algunas noches le da besos al peluche de su hermana y dice: nunca te olvidaré hermanita. A él también le ha enseñado mucho todo lo vivido, tiene más respeto hacia las personas que tienen alguna discapacidad.

Dice que no hay que reírse de ellos, porque si su hermana hubiera vivido no le gustaría que se rieran de ella por estar malita. El también sufre un duelo, de otra manera, pero también ha perdido a su hermana y se le ha roto una ilusión y unos planes.

Me he dado cuenta que tengo que disfrutarlo más y darle más de lo que le doy. Si no fuese por él estaría hundida, él me da fuerzas para tirar para adelante. Tengo que luchar por mi sueño y por el suyo, y aquí no voy a rendirme.

Le daré su deseado hermanito/a.

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